Hoy es 8 de marzo, un día señalado en todo el mundo para rendir tributo a la mujer y clamar por la igualdad de género. El largo camino avanzado en las últimas décadas no es óbice para que todavía convivan decenas de materias por reivindicar. El mero hecho de que aún se celebre este Día Internacional de la Mujer constituye una buena prueba de ello. Hoy, cada localidad alavesa lo hará a su manera, incidiendo en un ámbito concreto, pero con el eje común de que entre todos, tanto las mujeres como los hombres, puede construirse una sociedad mucho más justa.
También lo creen así Larraitz Bergara (1990), Nerea Melgosa (1970) y Toti Martínez de Lezea (1949). Tres mujeres alavesas de tres generaciones distintas y pertenecientes a ámbitos laborales dispares. Han hecho un pequeño alto en su rutina para profundizar sobre lo que significa la igualdad, para reflexionar sobre las enormes trabas todavía existentes para lograrla de manera efectiva, desde el deporte, la política y la cultura que ellas representan, y para demandar soluciones.
La precarización de la mujer en el mercado laboral, su escasa presencia en los puestos directivos pese a que sobresale en el ámbito académico, el peso de la dependencia que, casi siempre, recae sobre ellas, o el abandono que sufren esas "mujeres invisibles", las inmigrantes sin papeles que sufren una doble discriminación por haber nacido con ese sexo, centran algunas de sus preocupaciones,
Los éxitos de Larraitz, una de las promesas más firmes del atletismo provincial, sirven de ejemplo para muchas otras mujeres jóvenes que aspiran a triunfar en un mundo donde "siempre va a tener más visibilidad el hombre más rápido, un Usain Bolt, antes que la mujer más veloz". Una desigualdad evidente que, al menos, no tiene su reflejo en el plano económico, "porque las becas son las mismas para todos", independientemente del sexo.
Campeona de España junior en 400 metros vallas, su gran especialidad, Larraitz compagina sus tres horas diarias de entrenamiento con los estudios de Medicina que desarrolla en Madrid. Aunque también unida durante años al género masculino, esta profesión ha abierto de par en par sus puertas a mujeres extraordinariamente preparadas. "En las películas antiguas de médicos el protagonista siempre era hombre", recuerda la joven.
Desde un punto de vista más global, Larraitz considera que siguen existiendo "desigualdades, tanto de reconocimiento social como de salarios" entre hombres y mujeres. Los avances han sido "grandes" y han permitido abrir al género femenino "trabajos teóricamente masculinos". Ahora "se escucha más a las mujeres, porque nos hemos reforzado", reflexiona.
Nerea Melgosa, concejala en el Ayuntamiento de Vitoria por el PNV, pertenece a esa generación que vivió en plena niñez el fin de la dictadura y los primeros avances decisivos en materia de igualdad de género. Ahora es madre de cuatro hijos, dos de ellos mellizos, y conoce de primera mano las dificultades que entraña llevar adelante una familia numerosa con el hándicap de ocupar un cargo de responsabilidad.
Sin pelos en la lengua, considera que la ansiada conciliación familiar y laboral "es el mejor cuento que nos han contado, como el del Príncipe Azul". Así que a su día a día, "contrarreloj", le faltan las horas, y llevarse el trabajo a casa le ha acarreado no pocas charlas con su marido. El tener la obligación de elegir, como sucede en tantas ocasiones, entre la familia y el trabajo "es lo peor que puede hacerse si se quiere lograr una sociedad más sensible a la igualdad", advierte.
Nerea aboga por construir una sociedad "justa", en la que hombres y mujeres participen en igualdad de condiciones. "Somos iguales, pero no me gustan los discursos feministas o reaccionarios. Muchas veces hombres y mujeres nos contraponemos, cuando debemos ser humanistas y luchar por las personas", reflexiona. Y haciendo hincapié en la educación de los niños, el futuro, pese a los deficits de comunicación que existen entre padres e hijos por esa dificultosa conciliación.
"La familia debe ser la transmisora de valores positivos, como el de la igualdad entre hombres y mujeres, y eso lo debemos tener claro", argumenta Nerea. Si no se sientan unas bases claras en esta materia, avanzar parece muy complicado. "Desde la Administración, por desgracia nunca nos hemos puesto las pilas en la conciliación: No nos lo creemos porque no nos parece rentable", lamenta la edil jeltzale.
Juventud atípica
Para Toti Martínez de Lezea, veterana escritora, abuela y polifacética como pocas, el modelo social ideal se asemeja al anhelado por Nerea. "Debemos reivindicar que esta sociedad está formada por personas, hombres y mujeres. Reivindicar, a lo sumo, un respeto" para el género femenino. La juventud de Toti discurrió por unos derroteros atípicos, gracias a un padre "muy avanzado a su tiempo". Porque allá por 1965, con apenas 15 años, inició un periplo que le llevó a Inglaterra, Francia y Alemania, en distintas etapas. En la España del franquismo, recuerda, "las mujeres en pantalones o bikini estaban muy mal vistas, también que fueran solas al cine o a tomar algo a un bar".
Toti recuerda que "a lo largo de la historia las mujeres han sido invisibles, por la sencilla razón de que no han tenido el papel de narradoras. Pero cuando alcanzan el poder, no se diferencian demasiado a los hombres". Desde un punto de vista más concreto, ¿podría decirse que la cultura es sensible a la igualdad?
Basta con fijarse en la proporción de académicos, hombres y mujeres, con los que cuenta Euskaltzaindia -29 frente a cuatro-, el palmarés del Premio Cervantes -35 premiados por dos- o el Nobel de Literatura -106 frente a 11-. "¿Qué pasa, que las mujeres somos malas escribiendo? Esto tiene mucho que ver con que los jurados también están compuestos mayoritariamente por hombres", argumenta.
Para las tres, que siga celebrándose esta jornada denota que "quedan muchas cosas por hacer". Larraitz, desde su juventud, confía en que "no haya que esperar a un día lejano" para conseguir la verdadera igualdad. Nerea cree "triste", en parte, que todavía sea necesario marcar el 8 de marzo en el calendario. "Si somos sensibles a la igualdad, ¿por qué no se articulan medidas concretas?", pregunta. Toti, por su parte, recuerda que "siempre que se celebra un día es porque hay una carencia". Para la escritora, "el día de la mujer empieza el 1 de enero y acaba el 31 de diciembre".
Redacción / noticiasdealava.com





