La decisión de Eusko Alkartasuna de presentarse en solitario a las próximas elecciones al Parlamento Vasco ha sorprendido a propios y extraños. Sin embargo, si nos atenemos a la historia de la formación, las ocasiones en las que no ha optado por la coalición con el PNV han sido la excepción que confirma la regla. Quizá, por ello, la sorpresa que ha suscitado la decisión de EA responda más bien a una cierta falta de perspectiva histórica.
Ahora bien, la determinación de los de Unai Ziarreta ha sido tachada de autoinmolación desde algunas instancias. Aún reconociendo lo complicado de encontrar un hueco en el ya saturado espectro político vasco, justo es reconocer que EA vendría a ocupar un espacio político concreto: el de la apuesta por un independentismo de izquierdas desvinculado de la violencia como herramienta para obtener réditos políticos. Así, el espacio que pretende EA sólo podría ser reivindicado dignamente por Aralar, si este no abandonase su línea independentista y de izquierdas, y mirase con ojos de cordero a su vecino, el PNV, perdido por la gula y la avaricia, por las ansias de conseguir un especulado puesto en el siguiente Gobierno Vasco. Unas elecciones que, a juicio de muchos, supondrán un batacazo para la formación socialdemócrata. No obstante, también se dijo en los pasados comicios que el partido fundado por Carlos Garaikoetxea sufriría una apabullante derrota en el marco de las elecciones municipales y forales. No fue así y quizá también Marzo de 2009 quite la razón a los agoreros. Quizá no sea tan sombrío el futuro de Eusko Alkartasuna, por más que difícilmente pueda aspirar a convertirse en un partido de masas al estilo del PSE o el PNV. Precisamente, poner un decidido énfasis en su proyecto político diferenciado del PNV puede suscitar nuevos apoyos entre quienes durante años miraron a EA con recelo por su excesivo apego a los jeltzales. Una apuesta por la consolidación del citado proyecto político es, sin duda, una apuesta arriesgada. Sin embargo, dudo mucho que el paso firme dado por EA constituya una autoinmolación, sino más bien una apuesta valiente que sólo la ciudadanía podrá juzgar en las urnas.Raúl Arkaia.-
Periodista y Comunicador





