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Home Vitoria-Gasteiz Opinión Decepción; una tras otra

Decepción; una tras otra

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Las calles de Vitoria-Gasteiz están hoy ya limpias de nieve  y hielo. Pero hace tan sólo unos días estuvieron a merced del caos más absoluto. Son muchas las personas que visitan Vascongadas y se sorprenden al enterarse de que la capital administrativa no está en Bilbao. Antaño me lo tomaba a mal y me rebelaba contra ello. Ahora lo asumo como la consecuencia lógica de lo que vivimos en ambas ciudades.

 

Bien es cierto que nunca fuimos capital de nada. Pero ni siquiera la decisión estatutaria de que Vitoria-Gasteiz fuera la capital de Euskadi parece haber afectado lo más mínimo a nuestra ciudad. Sus políticos se dedican permanentemente a discutir sobre cuáles sean las mejores infraestructuras que adornen la urbe. Subrayo lo de adornar porque tengo la impresión de que lo accesorio es aquello en lo que más tiempo invierten nuestros munícipes. Así, lo verdaderamente importante -hacer frente a un temporal y permitir que los ciudadanos vean sus calles despejadas de nieve y hielo- pasa a segundo plano. Mientras tanto, sus dirigentes se enzarzan en peleas numantinas para dilucidar que es más importante, si un auditorio o un soterramiento.

El alcalde Patxi Lazcoz y su equipo de gobierno parecían molestos por la reacción de la oposición a la patética gestión que se hizo de la situación. Incluso, creo recordar, conminaron a los concejales a que se remangaran y se pusieran a achicar nieve y hielo. Pero bueno, qué descaro.

Alegaba el primer edil falta de medios. Ahí le doy la razón. ¿Alguien me puede explicar cómo es posible que una ciudad de 239.000 habitantes disponga tan sólo de 230 operarios municipales para despejar las calles gasteiztarras? Juraría que el nivel de renta de nuestros conciudadanos es considerablemente alto. Y que pagamos nuestros impuestos religiosamente. Sin embargo, la desastrosa gestión de la crisis ha puesto de manifiesto (una vez más) que hay gasteiztarras de primera y de segunda. Los de primera son los del centro; los de segunda son los de la periferia (barrios como Salburua, Mariturri, Zabalgana, Lakuabizkarra).

Doy por  sentado que por estos lares cuesta mucho dimitir. Y que ser un político mediocre no es una excepción, sino más bien la generalidad. Pero lo que más me preocupa es que, si bien la ciudad se ha hecho enorme en los últimos años, su crecimiento en superficie no ha ido aparejado con un crecimiento en visión de ciudad. Seguimos siendo un pueblo -en el peor de los sentidos- que se viste de ciudad para recibir al turista. Precisamente, ésa es la sensación que me queda cuando un visitante -siempre a punto de pasar de largo tras visitar Donostia y Bilbao- me habla de la grata sorpresa que se lleva en Vitoria-Gasteiz. Probablemente, no diría lo mismo si viviera aquí, le contesto, hastiado.

 

Raúl Arkaia.-
- Comunicador, Periodista